Portada de “Yo le pinté el bigote a Stalin”

Llega un libro y una portada largamente esperado en esta rara casa. Llega “Yo le pinté el bigote a Stalin”. Dentro de muy poco os explicaremos quién fue y qué le ocurrió a Erika Riemann, autora de estas memorias pero permitidnos, ya que llevamos casi dos años esperándola, que compartamos con vosotros la portada pintada de Laia Montserrat (no os voy a engañar, es catalana :D). Es una joven que ya habéis visto lo que es capaz de hacer porque fue la ilustradora de “Una silla para la soledad” pero ahora la historia y la Historia no tienen nada que ver.

Por cierto, ¿Os recuerda a algo?

 

¿Entendéis ahora aquello que os dije de que una portada podía tener banda sonora?

 

 

¿Qué habría hecho Nico Rost? ¿Y Ernst Toller? ¿Romand Rolland? ¿Marcelle Capy?

No voy a analizar en detalle ni en general absolutamente nada, NADA, de lo que ha pasado en Cataluña y su relación con el gobierno central (que no Madrid, que es una ciudad con ciudadanos) los últimos 300 años, los últimos 40 años, los últimos diez años, los últimos cuatro años, los últimos dos años, el último mes ni antes de ayer. Es tarde para todo eso. Además ya es un relato y todos tendrán sus versiones, matices, culpables, traidores y sombras y no he venido aquí a señalar a nadie porque exactamente por lo mismo podrían señalarme a mí.

Lo que sí me he preguntado desde hace mucho tiempo, probablemente desde que viví el desalojo de Plaça Catalunya en 2011 es ¿qué habrían hecho entonces? En aquel momento ContraEscritura no existía así que era una pregunta que simplemente me hacía virando la cabeza hacia La Rambla o lo que fue el Hotel Colón para vislumbrar al PSUC y al POUM largándose a tiros de lado a lado de la calle, unos con la cabeza en la URSS y otros en el Ebro.

En aquellas largas, larguísimas horas. En esas horas en que de repente aparecía gente repartiendo agua y manzanas yo viví algo que jamás creí que haría. Viví la revolución de unas horas, lo que alcanzan a durar la mayoría, en que un grupo diversísimo de ciudadanos decían “no”. Aquel día eran los nuestros los que nos pegaron de hostias. Los Mossos con sus siempre impecables uniformes azules. Cada vez que les veo me pregunto si es fácil o no limpiar la sangre de una porra.

2011 quizá no sirviera para nada. Tampoco he venido aquí a analizar eso. Ya han corrido ríos de tinta e insultos virtuales por doquier para esclarecer si aquello fue algo durante unos segundos o fue lo que nos quisimos contar. Hoy, a esta hora, da igual.

Ahora es cuando me voy a Alsasua y un día de fiesta unos Guardias Civiles fuera de servicio se lían a bofetadas con unos chavales. Cárcel, cárcel para los chavales, toneladas de cárcel. A pesar de que en el resto del Estado sucesos similares se hayan saldado con poco más que un apretón de manos. Pero ¡AJÁ! Ibiza no es Alsasua, Berriozar ni Rentería, esos son sitios donde ha habido muchas sombras y donde miles, cientos de miles de ciudadanos han soportado durante años un nivel de injusticia insoportable. Pero ¡AJÁ! ahí había una guerra, o lo parecía, había dos bandos (sólo dos bandos, claaaaro) y el resto de los ciudadanos del país parecíamos tener claro los que hacían el bien y los que hacían el mal. Efectivamente, este es un jardín en que tampoco voy a entrar porque al final nadie tendría razón aunque yo siempre he pensado que podríamos llegar a un acuerdo de mínimos. Acuerdo, por cierto, que el gobierno estatal lleva años eludiendo de la manera más irresponsable. Es un caso único en el mundo. Una banda terrorista se rinde y el gobierno les dice que así no ¡AJÁ!

El caso es que un día, hace dos días concretamente, la Guardia Civil se plantó en medio de Barcelona. Pudieron hacerlo frente a Conselleries, en Canaletas o en el antiguo Hotel Colón, el resultado hubiera sido el mismo. La Guardia Civil en Barcelona es una aberración. Lo es en el imaginario colectivo de la ciudad. En Cataluña hay Guardia Civil, claro, pero nadie la ve ni la quiere ver. Cataluña y País Vasco son las dos únicas comunidades autónomas en que la Guardia Civil no tiene, por ejemplo, las competencias de regulación de tráfico en carreteras ni interurbano. Sus uniformes verdes crispan, sus tricornios crispan, su escudo crispa. La Guardia Civil, queramos aceptarlo o no, es un cuerpo de seguridad militar que hace como mínimo cuarenta años que debiera haberse abolido. Porque la Guardia Civil se concibió como una especie de SS o, si prefieren no ir siempre a los mismos referentes, como una especie de guardia pretoriana y hasta donde sabemos, las democracias sanas no necesitan de guardaespaldas.

La Constitución, en su artículo 104, fija a la Guardia Civil «la misión primordial de proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades de los españoles y garantizar la seguridad ciudadana, bajo la dependencia del Gobierno de la Nación». ¡AJÁ! entonces, anteayer la Guardia Civil, o, mejor dicho “los chicos  del Gobierno de la Nación” se plantaron en medio de Barcelona para dejar claro que Cataluña no es una Nación (otro de esos puntos primeros del conflicto en su etapa temprana. ¡Qué feo eso de cargarte un Estatut cuando ya lo han votado sus ciudadanos, Rajoy! Esa patinada se preveía histórica y, por lo menos aquí, lo sabíamos. Si en ese momento no hubieras tenido tanto miedo a que Aguirre te quitara del sillón, igual te lo podrías haber ahorrado). Vinieron para decirnos que aunque no éramos una Nación formábamos parte de otra un poco así como “por sus cojones” y que por tanto debían venir a defender nuestros derechos, libertades y seguridad. Los y las de todos, eh: los que se sienten catalanistas, internacionalistas, xarnegos, los que no quieren elegir, los de derechas, los que nos han robado envueltos en la senyera (que no, de verdad, que los catalanes idiotas del todo no somos y sabemos que nos han robado los nuestros igual que nos han pegado los nuestros), pobres, inmigrantes, todos, éramos españoles “por sus cojones”. La gente, claro, hizo lo único que sabemos hacer en Barcelona que es tirarse a la calle y decir “no”. Lo vi cuando asesinaron a Ernest Lluch al lado de mi casa, cuando pedimos a Aznar que saliera de la foto, el 15 de marzo de 2004 desde las 9 de la mañana hasta muy entrada la tarde. Los estudiantes, por lo menos, éramos incapaces de irnos a casa sin llegar a comprender cómo nos dolía tanto. Lloré de nuevo cuando de noche, tras el desalojo de Plaça Catalunya, encendí la televisión y la gente de Madrid gritaba en Puerta del Sol “Barcelona no estás sola”. Aquel 2011 mi relación con Madrid cambiaría para siempre y lloré porque fue un día duro, durísimo. Fui sola y sola volví. Me ardían los hombros quemados por un día entero de sentada y callejeo. Entendí de manera absolutamente cristalina cuál era mi bando en la toma del Parlament. Un hombre de cierta edad pegó su rostro al casco de un Mosso y gritó: “No me queda nada, ni miedo”. Así me sentía yo mientras Mas bajaba del helicóptero para salvarse de sus ciudadanos. Si la pelea que se produjo días después entre Mossos y Bomberos se hubiera extendido yo sabía que hasta provocado por el accidente más tonto podía no volver a casa. No tenía nada, ni miedo. Esos días algunos pensamos que si prendían Gràcia, Sants y Poble Sec la ciudad se volvería un caos. No llegó a suceder. El pasado agosto mi llanto se hizo grito en pleno minuto de silencio en la Plaza del Ayuntamiento de Pamplona por el atentado de Barcelona. Katixa y Ana me sostuvieron. Debí joderles la toma a los de televisión con esos políticos tan bien cuadrados frente al edificio. Una señora me miraba de reojo y empezó a llorar porque yo lo hacía. Noté cómo le dolía mi dolor.

A Barcelona le quedan muy pocas calles con adoquines. Esto no es una casualidad como no son un capricho arquitectónico las fuentes de Trafalgar Square. A Barcelona siempre le sopla un aire ácrata por mucho burgués que nos robe o por mucha clase media-guay que crean haber creado las postolimpiadas. Salgan de las vías principales y encontrarán una ciudad que sigue clamando justicia social, aunque algunos hayan puesto el acelerador en otros puntos de sus programas electorales.

¿Y por qué escribo yo esta sarta de obviedades? Pues para permitirme una más. La primera es que el derecho a decidir y el derecho a la autoderminación no son lo mismo y que todos los españoles deberían estar a favor del derecho a decidir porque es un derecho, como lo fue el divorcio, el aborto, el voto universal, el femenino, que necesitamos más que nunca. Es un derecho que necesitamos para limitar la representatividad ineficiente en pro de mayores cuotas de democracia directa. Ay, mis políticos, les salió fatal eso de mandar a los hijos de los obreros a la universidad para contener cifras de desempleo y tener mano de obra barata porque aunque lo consiguieron quedamos algunos que sabemos perfectamente de dónde venimos y a dónde queremos llegar.

Mi postura en estos años fue la de miles: queremos referéndum y que salga lo que tenga que salir porque muchos sabíamos o creíamos saber que ganaría el “no”. Porque éramos miles llorando por Madrid y Ernest Lluch. Porque a mí lo que me duele es la injusticia, sufra quien la sufra y lo que intento evitar es el fascismo, germine donde germine.

Y llegados a este punto creo que ya sé la respuesta a mi pregunta inicial. Gritar, luchar, seguir, permanecer. Aunque no esté del todo de acuerdo en cómo se está haciendo, aunque no quiera separarme de nada o sí o lo que sea. Tenemos la opción, como tantos hombres y mujeres de la Historia, de seguir con nuestras vidas o empezar a cambiarlo todo. Tenemos la opción de acabar formando parte de la Historia, fallida o no, del intento de cambio o permanecer impávidos cuando no soltando la burrada de turno en la red social que más nos satisfaga el ego.

Creo que Nico Rost diría “me niego” y jamás usaría la cultura y la lengua como arma política, Ernst Toller rompería las suelas de sus zapatos y sus cuerdas vocales para evitar la tempestad: en Baviera, en España y en el mundo, Romain Rolland fundiría la medalla de su Nobel para llamar a la huelga general indefinida y crear un comité de ayuda entre obreros para que recordaran quiénes son los verdaderos bandos del conflicto, Marcelle Capy haría comprender a las mujeres que la mayor parte de las revoluciones que finalmente triunfaron las iniciaron precisamente ellas bien porque sus hijos pasaban hambre bien porque se enviaba a sus hombres a una muerte absurda.

No confío en la gente con corbata ni en la que viste camisetas con proclamas. No confío porque no me gustan ni los disfraces ni los uniformes. Confío en que alguien entienda qué es lo verdaderamente importante de todo esto: la oportunidad.

España tuvo otro himno

Un día alguien me dijo ¿por qué no incluyes un blog en la web de ContraEscritura para explicar todas esas cosas que encuentras mientras editas los libros? Al principio pensé que era una tarea casi imposible por cuestiones de tiempo pero hoy, aunque no tengo mucho tiempo, creo que es bonito dedicarme unos minutos a recordar que un día, en los archivos, descubrí que España tuvo otro himno. Por lo menos, tuvo la posibilidad de tenerlo.

El músico ucraniano Jakob Weinroth Waisman (que cambiaría su nombre por Lan Adomián) vino a la guerra civil española a luchar. No le fue posible por un problema pulmonar pero eso no le hizo abandonar el país. El año 1938 estaba en Valencia rodeado de intelectuales y entre ellos fraguó una especial relación con Miguel Hernández. Ambos estuvieron trabajando en musicar varias composiciones del poeta. Sin duda, el más especial acabaría siendo el que el alicantino dedicó a la VI División:

La libertad nos ha dado su aliento,
la independencia y el pueblo su hogar.
En el combate por un mundo hermoso
nos aconseja la esencia del mar.

De España, madre, es la sexta división,
De España, madre, es la sexta división
que España ha de salvar del pie de la invasión.
Patria de mi vida, tierra de mi corazón.
Patria de mi vida, tierra de mi corazón.

Al otro lado del fuego y el odio
una mujer me requiere de amor.
Día vendrá que me lleve a su lado
con la victoria y los brazos en flor.

De España, madre, es la sexta división,
De España, madre, es la sexta división
que España ha de salvar del pie de la invasión.
Patria de mi vida, tierra de mi corazón.
Patria de mi vida, tierra de mi corazón.

Se apagarán en la paz los fusiles,
al pie del árbol feliz de rumor.
Y en donde entremos, talleres y pozos,
tienen que entrar la alegría y el sol.

De España, madre, es la sexta división,
De España, madre, es la sexta división
que España ha de salvar del pie de la invasión.
Patria de mi vida, tierra de mi corazón.
Patria de mi vida, tierra de mi corazón.

El resultado de ese trabajo fue este

Lan Adomián, casado con Magda de Paul Nelken, inició tras la muerte de su esposa un trabajo de readaptación junto a su suegra y ex diputada Margarita Nelken desde el exilio mexicano que sirviera de nuevo himno para la República española.

La letra del himno, con unos leves cambios en el texto de Margarita Nelken es:

La libertad nos ha dado su aliento.
La independencia y el pueblo, su hogar.
En el combate por un mundo hermoso
nos dan coraje la tierra y el mar.

¡En pie, República Española, con decisión!
¡En pie, con alma y vida, frente al felón!
¡A España la salvarán sus hijos con tesón!
Patria de mi vida, tierra de mi corazón
Patria de mi vida, tierra de mi corazón.

Al otro lado del fuego y el odio
el porvenir nos requiere de amor.
En el futuro seremos hermanos
con la victoria y los brazos en flor.

Se apagarán en la paz lo fusiles.
Madura el campo feliz de rumor
Y, en donde entremos, talleres fecundos,
habrán de entrar la alegría y el sol.

El 16 de mayo de 1957, Adomian escribió a Salvador Etchevarría, ministro de Información del Gobierno republicano en el exilio:

“Querido amigo Salvador: Te envío una copia del Himno de la República, para voz y piano. Una obra que me trae muchísimos recuerdos de España, de una España que nos inspiró a Miguel Hernández y a mí. Esa canción tiene una historia interesante. En septiembre de 1938, estuve en Valencia para conocer músicos e intelectuales (…) Muchos se reunían en la calle del Trinquete de los Caballeros. Allí conocí a Miguel Hernández y a Pla y Beltrán. Con Miguel compuse tres canciones, una de las cuales, Las puertas de Madrid, se canta en las cárceles franquistas. Una mañana, vino Miguel a mi casa. Yo tenía allí una habitación y estaba componiendo. Entró Miguel con los oficiales de la VI División y les dijo que yo era la persona indicada para componer el himno de la División. Me entregó la letra y se marchó. Aquella noche la pasé componiendo ese himno”.

La carta no obtuvo respuesta.

¿Te ha gustado? ¿Me ayudas a seguir?




Portada de “Hombres varios”

Hoy es un día especial. Muy especial. Desde 2015 no me había llegado ningún proyecto interesante para Papiroverba, esa en que los autores están vivos. De repente, un día, se cruzó en mi camino el traductor José Aníbal Campos y vino a hablarme de Ror Wolf y unos hombres, varios hombres ¿varios? bueno, hombres. Además de poder regresar a los autores vivos, con los que se puede hablar y esas cosas de agradecer en el mundo de la edición, resultó que era la primera traducción de Papiroverba y, para colmo, era algo que tenía pendiente ¡RELATOS!

Hoy es un día especial por todo eso y porque la portada es del propio traductor. Mi querido José Aníbal Campos tuvo la gentileza de mostrarme sus cuadernos de trabajo, esos en los que durante años había ido traduciendo a pedacitos este libro que tan especial es para él. Ante ellos, yo vi la portada porque vi la traducción total y un homenaje a ella. El trabajo de traducción es difícil y no atraviesa por buenos momentos. Es evidente que se ha avanzado mucho pero hay que cuidar a todos los que trabajan el libro: autores, traductores, correctores, editores, libreros, impresores, lectores, todos formamos parte de un ecosistema frágil en que de nada sirven los méritos, las firmas o los reclamos si al final las facturas se quedan sin pagar.

Quizá ese es un extenso asunto del que hablaremos un día con mucha calma, quizá sean ellos, los y las traductoras, las que deban entrar en este blog un día y explicar lo que sucede, lo que hacen, lo que es y significa su trabajo.

Hasta ese día, congratulemonos con la nueva portada de la primera traducción íntegra de “Hombres varios” de Ror Wolf que José Aníbal Campos ha venido a ofrecernos.

Empezamos a maquetar ¿hay ganas?

El 17 de junio de 2017 Lorca escribió un poema

La primera vez que estuve en Nakama inspeccioné la librería y me enamoré de una lámpara libro faro. Ahí estaba, mi playa en Madrid. Sin embargo, no dije nada. Hice una foto o dos y me fui.

Cuando Rafa y Miren vieron esa foto en el Instagram de ContraEscritura me enviaron un privado del tipo “¿¡Cómo puedes haber venido y no habernos dicho quién eras!?” Fue una mezcla de vergüenza y prisa pero volvería porque entonces yo iba cada poco a Madrid.

La segunda vez que estuve en Nakama pasé más de una hora hablando con sus libreros. Recuerdo que llegó el comercial encorbatado de una distribuidora y Rafa le indicó que no podía atenderle, que estaba hablando conmigo. En aquel momento supe que estaba en uno de esos lugares en que las personas y los abrazos son más importantes que todo lo demás. Aun así, yo me senté en el sillón amarillo y dejé que aquel tipo hiciera su trabajo porque yo no tenía prisa. Creo que desde que empecé a hacer libros casi nunca tengo prisa. No nos hicimos ninguna foto. En el AVE de regreso tuiteé: “Ojalá siempre te lo pases tan bien como para olvidar hacer fotos”.
Desde entonces, he pasado muchas veces por Nakama. Allí se enfrentaron Rafa y Salva en un cara a propósito del primer aniversario de Ensayos del dolor propio y entre ellos nació algo que creo que jamás se desvanecerá. Luego hemos llevado a Nico Rost, a Toller, o lo que es lo mismo, a Núria Molines y a Ronald Brouwer. Siempre han estado los contrasocios madrileños allí: Jose, Alberto, Lidia, Vicente,… y personas que nos conocían o conocían a Rafa y a Miren, esas personas que siempre me hacen hueco en la agenda aunque el tiempo con el que avise sea ínfimo. Hemos cenado, hablado, confesado,… he estado en su casa. Venden los libros que hago pero aunque no lo hiciera, sé que seguirían en mi vida.

Un día, no sé muy bien el porqué, decidí que estos dos últimos años había conseguido cosas increíbles. Hacer libros. Hacer libros sin dinero. Hacer libros sin dinero y sin tener que pedirle un crédito a un banco. Junto a Núria, arañar las paredes de la Historia para arrancarle hasta la última astilla al olvido. Gracias, Núria.

Dos años igual no son mucho tiempo. Aunque si ContraEscritura fuera una persona habría tenido tiempo para nacer, respirar, gatear, le habrían empezado a salir los dientes, a tropezar y a caminar. O eso creo porque no sé nada de niños.

En cualquier caso, necesitaba agradecer y agradecerme el esfuerzo de dos años de éxitos, fracasos, encontronazos, rupturas, decisiones, saltos al vacío y economía de la imaginación. Dos años igual sí son mucho tiempo.

Un día llamé a Nakama para preguntar si el día 17 estaba libre en el calendario para una fiesta. Nada de presentar, nada de vender, sólo festejar. La respuesta fue, cito, “sí a todo”. Mi playa en Madrid.
Desde marzo preparé el photocall mientras se calentaba mi comida, cada día un poco. Si tenía que ir a comprar grapas, aprovechaba y me hacía con vasos, platos y algún globo. Así hasta el 17 de junio. Aquel día desembarqué en Nakama por la mañana tras un viaje infernal en coche desde Valencia, una presentación el día anterior y una reunión de trabajo a las 10 a la que llegué tarde porque la calle Hortaleza siempre es una trampa para coches. Desembarqué cargada de cosas que hasta ese momento sólo eran bolsas y cajas que abarrotaban mi cueva de trabajo pero que en mi cabeza tenían sentido. Abrazar a Rafa y a Miren ya era oler a fiesta.

Quedamos a las seis para prepararlo todo. Al llegar estaban allí Katixa, que había cerrado su librería Deborah Libros en Pamplona por mí y que encima me había regalado la camiseta más molona del planeta, Núria, Dani, Maje y Raúl. Intenté explicar cómo imaginaba todas esas cosas que había estado preparando en ese espacio pero al final ellos lo hicieron mejor. Rafa corría de un lado para otro con botellas y nos nombró encargados de que siempre hubiera bebida fresca e ir rulándola entre los invitados. Reconozco que es algo que no hice en toda la fiesta. Mis disculpas.

A las siete y pico me fui a una peluquería cercana porque sigo sin saber peinarme y quería evitarme el calor en la nuca. Cuando regresé, había mucha más gente en la librería. Y cada vez más. Y más. El calor anunciaba que iba a ser insoportable que tanta gente estuviera dentro de la librería así que invadimos parte de la calle Pelayo.
No bebí ni una gota de alcohol pero soy incapaz de recordar muchas de las cosas que me pasaron, por no hablar de las que evidentemente no viví porque las estaban viviendo otros a escasos metros de mí.

Pude ver a Javi, que estaba enfermo y vino, a libreros-soldado de Pynchon&Co, Katakrak, La Vorágine, Libros de Arena. Pude ver a Ana que salió volando para llegar, a Bea que literalmente llegó volando, a una tribu de traductoras que quisiera abrazar, a autores, traductores y mi calígrafo particular que no estaban allí por obligación de cena de empresa sino porque querían. Incluso Vicente con María y el pequeñísimo Pau que ya tiene su chapa “me niego”.

Pude ver a mi familia al completo: mama, papa, Mireia y Xavi, ¡GRACIAS! Han sido (dejando ContraEscritura a un lado) dos años difíciles para todos y vinisteis. Sois mucho más que todos los buenos consejos que me ofrecéis.Y ahí estuvo papá-becario para recibir el reconocimiento que merecía.

Olvido gente, olvido conversaciones, olvido momentos pero me inunda la esencia. Recuerdo que un montón de personas: socios, libreras, lectores, desconocidos que ya no tanto, mi chica rapada y tantos y tantos estaban ahí, venidos de cerca y de lejos, disfrutando de la existencia. Hablaban unos con otros como si se conocieran de siempre o no, a saber de qué hablaban. Vi abrazos. Un grandísimo puñado de personas que apenas recordaron que en sus bolsillos tenían móviles con los que hacer fotos. Los olvidaron. Por eso casi no hay fotos de esa fiesta ¡qué raros somos!

La mayor parte de ellas son del momento en que Bea habló (o, mejor dicho, leyó para evitarse el llanto de emoción que yo sé que le recorría la garganta).Yo no lo logré.

Otras tantas, por supuesto, son de Miren y yo desinflando nuestros pies en agua helada. Estoy segura de que Lorca estaba escribiendo un poema en aquel preciso instante. Un poema de noche que tarda en llegar y estrellas solitarias que se dan luz unas a otras, de risas en los adoquines.

Me disculpé ante los nakameros por las pérdidas económicas que debió causarles una tarde de sábado con la librería invadida. No me las aceptaron y entiendo por qué. Porque no somos esa clase de gente, somos distintos, imanes de resistencia ¡Y MENOS MAL!

 

Lo repetiré una vez más. ContraEscritura no se explica, se vive. Hasta el próximo verso.

Ror Wolf cumple 85 años (también para los hispanolectores)

Como en todo periódico que se precie, las noticias que publicamos hoy corresponden a los hechos que sucedieron ayer. Y ayer sucedió que Ror Wolf cumplió 85 años. ¿Que quién diantres es Ror Wolf? Pues un señor que incluso su propia patria ha parecido olvidar durante mucho tiempo. En mi mundo apareció cuando José Aníbal Campos, traductor de lenguas y colores, me habló de publicar por primera vez de manera no fragmenta su obra Hombres varios. A José Aníbal Campos tengo que agradecer no sólo las palabras que siguen sino su entusiasmo, amabilidad, profesionalidad e integridad. Tanto es así que me ha permitido no sólo ver sus cuadernos de trabajo sino hacer de ellos bandera, un desnudo de la traducción total porque a veces las palabras no bastan.

Él sabrá contaros mejor que nadie quién es Ror Wolf cuando el libro esté listo y lo paseemos con la cabeza a la altura necesaria pero, de momento…

Un libro para (h)ojear

por José Aníbal Campos

Preguntado una vez Ror Wolf sobre el propósito de sus narraciones, respondió que intentaba concebir un «libro que el lector pudiera hojear y leer en el punto que se le antojara». Y en efecto, las historias recogidas en Hombres varios no responden a orden teleológico alguno, ni siquiera mantienen una linealidad interna. La historia iniciada puede interrumpirse por culpa de otra contingencia, por pudor o capricho del narrador o, simplemente, por la irrupción inesperada en el plano de otra figura que acapara el interés del que cuenta.
Ror Wolf rompe todos los pactos tradicionales entre narrador y lector, pero no para incomodar a este último con experimentos infructuosos y poco verosímiles, sino para devolvernos la esencia de ese estímulo a la inteligencia (a la noble, pero no cándida inteligencia) llamado literatura.
Porque, no nos engañemos: todos hemos visto miles de veces y en miles de circunstancias al vecino de nuestro edificio, a la señora taciturna que se sienta cada mañana en el parque de nuestra vecindad. Podemos estar mejor o peor dotados para imaginar las vidas de esas criaturas y contarlas con un mayor o menor grado de credibilidad. Pero lo que jamás deberíamos olvidar (y mucho menos en esta era de «post-verdades») es que nuestra historia no es más que un invento, que solo vemos la punta de un iceberg que cambia cada día de posición, que nuestra historia, por creíble que sea, es mentira. O al menos solo una parte ínfima de la verdad.
Es eso lo que nos devuelve Wolf con estas historias y estas figuras varias que tienen la irrealidad, pero a la vez la concreción, de un personaje chaplinesco. Quizá por eso en otra ocasión, a la pregunta de por qué nunca era concreto en sus historias, Ror Wolf respondió: «Solo hay elementos concretos en mis textos. Cuando no se da respuesta a preguntas que el lector le gustaría ver respondidas es porque ello implica un fragmento de la verdad, y porque la realidad no puede responderse simplemente con una historia. Existe la pregunta que queda abierta, sin responder, lo que se difumina».

 

De: Hombres varios (en preparación)

UN CUENTO-EJEMPLO

Un hombre al que en otras circunstancias no valdría la pena mencionar, salió una mañana –y lo menciono aquí sólo al margen– por una puerta. Todo lo que esperamos ahora es un disparo, un golpe, una caída. En realidad, no es pedir demasiado.

OTRO CUENTO-EJEMPLO

Cuando a finales de la semana pasada, un domingo apacible, poco después de las doce del mediodía un hombre me preguntó por qué desperdiciaba mi tiempo de manera tan irresponsable contando estas historias, le respondí que, a veces, en las tórridas y pegajosas noches del sur, sentí el deseo de… No pude terminar la frase, porque resulta que otro hombre me apartó del escritorio dándome un tirón violento, así que perdí el equilibrio, y también el hilo de esta historia.

 

Cuenta atrás: FIESTA segundo año de resistencia editorial

Es evidente que yo tengo muchas cosas que hacer antes del día 17. Concretamente, tres presentaciones (Valladolid, Urueña y Madrid), firmar un contrato (de esto no os cuento nada que luego todo se sabe), recibir una copia de un contrato ya firmado, dos reuniones de trabajo,… PERO es un hecho, el calendario lo dice: quedan 9 días para la FIESTA del segundo año de resistencia editorial.

Os digo desde ya que me alegra muchísimo saber que vendrá Bea desde Bruselas, Ana desde Iruña, Maje desde Marbella, que también vendrán Javi, Claudia, Lenis, Sara y todos los seres que fueron ContraEscritura cuando ContraEscritura era poesía y palabras de medianoche y no tienen boda ese día. También viene Salva desde Nueva York y Macky no sé muy bien desde dónde porque está de tour con su nuevo poemario, Sótano. Son los autores vivos que acudirán (aviso por si tienen ejemplares pendientes de dedicatoria o firma). A los muertos no se les espera pero estarán. Vendrán Núria y Dani que me dejan dormir en su sofá con bastante asiduidad. Vendrá Sergio que fue la primera persona que me dejó editarle algo. Vendrán Edu de Katakrak, Katixa de Deborah Libros, representantes de La Vorágine de Santander, de Pynchon&Co de Alicante, José Ángel de Libros de Arena, desde Vallecas vendrá La Muga,… Vendrán muchas personas que para mí son importantes. Aitor, que caligrafía las portadas de ConTexto y soporta mi perfeccionismo radical, traductoras, ilustradoras, vendrán muchos socios y socias (Alberto, Jose, Isabel, Raúl, Vicente,…), también algunas personas a las que sólo he abrazado el avatar y quiero saber cómo huelen… Vendrán mi madre, mi padre, mi hermana y mi cuñado, que son quienes más me ven llorar y reír y correr de un lado para otro.

Pero -para evitar que empiece a llorar- vayamos a lo importante:

No importa si conoces a mucha gente, a poca o a nadie ¡VEN! Si has acabado en ContraEscritura es porque, por lo menos, estás tan loco como el resto de personas que estarán en Nakama en esos momentos. Podéis debatir sobre si algún día aprenderé a mezclar otros colores que no sean rojo, blanco y negro, presentar un libro sin hablar de ninguna guerra o empezar por preguntaros ¿cómo llegaste tú a esto? ¿sabes si tiene cura?

Habrá dos modelos de tazas (20 “De donde yo vengo el raro eres tú” y 20 “Me niego”). Se pueden adquirir ambas PERO por estricto orden de llegada. Son 10€ cada una, el pago debe hacerse en efectivo Y ES NECESARIO QUE SE VENDAN TODAS ¿por qué? pues porque las tazas, además de para saciar vuestras peticiones sobre la necesidad vital respecto a tener contratazas, sirven para pagar el catering y la bebida. Sí, ya sabéis que lo mío es la economía imaginativa.

Este año ha sido duro, durísimo por muchas causas. Han fallado algunos cálculos y, por eso, con el consentimiento tanto de Nacho como de Laia, vamos a subastar el original de la portada de “Una silla para la soledad”. Se tratará de una subasta ciega. Colocaré un bote en el mostrador de Nakama junto a un blog y un bolígafo (el bolígrafo no se puede robar ¡QUE NO SOMOS UN BANCO!). El que lo desee, puede anotar su nombre y puja, doblarlo y meterlo en el bote. A las 21:00 yo me encerraré a repintarme los labios de rojo, veré los resultados y se hará entrega de la ilustración. He decidido no enmarcarla porque no sé si vuestras casas con blancas, abedul, nogal o negro-marrón. ¿Para qué necesito ese dinero? Fácil, para pagar la siguiente portada que va a realizar Laia. (El dinero de la puja también hay que llevarlo en efectivo por evitarnos transacciones bancarias luego con los nakameros que suficiente tienen con aguantarme mis tonterías).

Creo que no hace falta decirlo pero como Voltaire dijo que el sentido común es el menos común de los sentidos, lo digo: habrá comida y bebida así que mucho, muchísimo cuidado con los libros y la librería en general. Miren y Rafa tienen su vida volcada en ese espacio y nos lo ceden por amor, respondamos con el respeto que corresponde. Y si alguien pregunta, estamos debatiendo sobre si la amapola es la mejor flor del universo (aunque sea obvio que lo es).

Pasaron unos hombres… ¿quién fue Marcelle Capy?

Marcelle Capy (Cherbourg, 1891-Pradines, 1962).  Periodista, escritora, militante sindicalista, pacifista y feminista libertaria. Fue directora de la Liga de los Derechos Humanos.

En sus libros, conferencias y artículos es compatible una triple lucha: por la paz mediante la denuncia del horror y el absurdo de la guerra; feminista en su especial hincapié en el papel fundamental de las mujeres en la sociedad moderna y por fin, libertaria rebelándose ante el papel adoptado por los socialistas en la Primera Guerra Mundial, especialmente en lo moral y lo filosófico defendiendo el deber de la solidaridad.

Escribió para La voz de las mujeres y La batalla sindicalista del que dimitió en agosto de 1915 debido a la línea nacionalista adoptada por el diario.

En 1916, publicó su primer libro, prologado por Romain Rolland, Una voz de mujer en la contienda (SÍ, POR SUPUESTO, LO VAMOS A PUBLICAR). Es este un apasionado alegato contra la guerra. El libro fue censurado. Desde ese momento, la policía empezó a controlar su correspondencia.

Entre noviembre de 1917 y enero de 1918, trabajó anónimamente en una fábrica de armamento. Publicó su testimonio en La voz de las mujeres: “La periodista Marcelle Capy, que investigó sobre las condiciones de trabajo de la mujer en las fábricas de armamento, quedó impresionada sobre las condiciones de las mujeres en las fábricas de armamento, particularmente el de las inspectoras de obuses que, durante once horas al día, manipulan 2500 granadas de 7 kilos, es decir, 35 toneladas. Tras ejercer el trabajo, Marcelle Capy se retira.” “Al cabo de tres cuartos de hora, me confesé vencida. Vi a mi compañera totalmente endeble, totalmente joven, seguir con su tarea. Está en la fábrica desde hace un año. 900000 granadas han pasado entre sus dedos. Por tanto, ha levantado una carga de 7 millones de kilos. En cuanto al salario de las mujeres, la fórmula igual trabajo, igual salario se burla por todas partes. En una fábrica de obuses, un chico de 15 años recibe entre 12 y 15 francos y una madre de familia de 5 a 6. Los patronos se atreven a justificar tales diferencias invocando que las mujeres han sido llamadas a ocupar el lugar de los movilizados.”

El 5 de enero de 1918, se contaba entre los fundadores del semanario antimilitarista La Vague pasando a formar parte del equipo directivo de la redacción.

En 1925 escribió L’amour roi. Su obra maestra llegaría poco después. Pasaron unos hombres… recibió el premio Séverine de la Asociación de Mujeres Periodistas.

Conoció a Barbusse, Romain Rolland, Joseph Caillaux, Anatole de Monzie y fue docente en Europa, Estados Unidos y Canadá.

A principios de 1930, participó en la Liga Internacional de la Paz como responsable de propaganda, motivo por el que ofreció conferencias junto a Robert Jospin. En 1934 publicó Femmes seules. En 1936 pudo, por fin, (re)publicar Una voz de mujer en la contienda libre de censura.

A pesar de ser miembro de la junta de la Liga Internacional contra el antisemitismo en la década de 1930, escribió durante la ocupación en Germinal, periódico próximo al colaboracionismo en el que también participó Robert Jospin.

Después de la Segunda Guerra Mundial, escribió dos novelas: La vie tient à un fil y L’Égypte au coeur du monde, un reportaje realizado a partir de un viaje que emprendió junto a su hermana mayor, Jeanne Marques, periodista y conferenciante cercana a los círculos intelectuales y artísticos egipcios progresistas.

En 1951, Capy ayudó a fundar el Comité nacional de resistencia a la guerra y la opresión (CNRGO), hoy conocido como Unión Pacifista de Francia (UPF).

De estas y muchas más cosas hablaremos próximamente en:

Pamplona/Iruña · Martes 6 de junio a las 19:30 · Deborah Libros

Bilbao · Miércoles 7 de junio a las 19:00 · Louise Michel Liburuak

Valladolid · Viernes 9 de junio a las 19:00 · La Otra Librería Café

Urueña · Sábado 10 de junio a las 19:30 · Librería Primera Página

Madrid · Viernes 16 de junio a las 19:30 · Librería Mujeres & Compañía

Su primera reseña ha salido antes que el libro de imprenta (lo tendré en las manos mañana), gracias a la periodista Tamara Crespo.

Mañana empiezan los envíos de las preventas y el acoso a nuestras contralibrerías para que acudáis a ellas como si no existieran ferias del libro o dos grandes grupos editoriales forjados en el Monte del Destino para dominarlos a todos.

El primer coño muerto

De las millones de maneras que había de titular esta noticia, esta, aunque pueda no parecerlo, es la mejor. El primer motivo de que sea la manera correcta es que la palabra “coño” sigue considerada por la RAE como ¡MALSONANTE! (Del lat. cunnus. 1. m. malson. Vulva -conjunto de las partes que rodean la abertura externa de la vagina- y vagina  – conducto muscular y membranoso de las hembras y de los mamíferos que se extiende desde la vulva hasta la matriz- del aparato fememino) en lo que se encierran varios temas a tratar. El primero es que, en definitiva, nadie sabe lo que es un coño salvo que se trata de un aparato que ni si quiera sabemos para qué se utiliza. El segundo es que UN coño es un sustantivo masculino pese a que se corresponde únicamente con el género femenino mientras que sus partes “vulva” y “vagina” son femeninos. Pero mi guerra contra los académicos al respecto siempre ha sido por su supuesta malsonancia. A mí, “coño” no me suena mal, la verdad. De hecho, me suena casi tan bien como oreja, tobillo o esternocleidomastoideo.

Conste que si habláramos de UNA polla nos pasaría algo similar pues es una palabra femenina de género masculino. En este caso, los realísimos TAMBIÉN dicen que es malsonante con la salvedad que el sustantivo está como segunda acepción y se limita a decir “pene” que, por supuesto, ya no es malsonante. Si uno clica sobre “pene” (cuidado con hacer esto que internet lo carga el diablo), le dicen que se trata de una palabra masculina definida como “órgano masculino del hombre y de algunos animales que sirve para miccionar y copular”. De la misoginia que reina en esa santa casa sabemos ya mucho pero, hombres, que sepan ustedes para qué sirve una polla y no un coño ya me parece mucho desconocer.

A estas alturas, es cuando alguien se pregunta ante su pantalla ¿pero esto no es una editorial? ¡¡CLARO!! Por lo menos, la mayor parte del tiempo. Pero entre rato y rato a una le surgen estas dudas y lo que vengo a contar hoy tiene mucho que ver con todo esto, aunque quizá sólo tenga lógica en mi cabeza, que también es posible.

El caso es que en la sección de proyectos falta por anunciar uno en el que llevo trabajando algunos meses. Se trata de recuperar para los hispanolectores la obra y la figura de Marcelle Capy. Contaremos muchas cosas sobre ella. Habrá tiempo y lugares, os lo aseguro. Si no lo había anunciado a bombo y platillo es porque faltaban algunos flecos en las negociaciones y hasta hoy (pese a que uno de los títulos ya está maquetado) no teníamos el contrato de cesión de los derechos de traducción. De momento, en el link de Wikipedia os podéis ir haciendo una idea de quién estamos hablando. Será, efectivamente, la primera mujer en llegar a la colección de ConTexto y, por tanto, nuestro primer coño muerto.

Los dos primeros títulos que nos interesan son: Des hommes passèrent (1930) y Une voix de femme dans la melée (1916 y 1936). Este segundo, lo traducirá Núria Molines e intentaremos que esté listo, bueno, cuando lo esté, ya sabéis cómo va esto. A mí me resulta muy gracioso porque otro título, “La guerra no tiene rostro de mujer” fue el primero de la Nobel de Literatura Svetlana Aleksiévich que tantas alegrías está trayendo a todos los editores que han podido cazar algo suyo al vuelo tras el “and the winner is…”, también porque es un libro que Svetlana publicó el año en que yo nací y porque lo primero que pensé al ver la semejanza es que me parecía más útil que las mujeres tuvieran voz antes que rostro. Claro que en 1916, cuando se publicó por primera vez (con un enormísimo trasquilón de la censura que le valió a Capy, por ejemplo, que a partir de su publicación el gobierno registrara su correspondencia), la voz era más útil que el rostro, por eso de que las televisiones aún no existían. Igual algún periodista, si es que aún está de moda entrevistar a una escritora que saltó a nuestra palestra en 2015 (que lo mismo ya no es novedad y eso), le puede preguntar al respecto. Y no sufráis, que no vamos a publicar el libro censurado. En 1936 pudo salir completo y haremos una edición que permita ver qué decidió el censor eliminar porque eso explica casi tanto como el propio libro.

Y sí, si hay un segundo es que existe un primero. En breve, tan breve como sea posible, publicaremos de nuevo “Pasaron unos hombres”. Digo de nuevo porque ya se publicó en Biblioteca Nueva allá por 1932. Se trata de una novela en la que Capy plasma los cambios que acontecen en una sociedad rural a partir de la marcha de los hombres a la Primera Guerra Mundial. Podríamos decir que es un poco Suite Francesa pero no sería del todo cierto porque Capy, la Capy, extiende una amalgama de formidables personajes femeninos que, cada uno en su medida, acabará por revolucionar el mundo. Saltarán por los aires tradiciones, Estado, religión y todo lo que se ponga por delante. ¿Y quién traduce esta maravilla? Pues nada más y nada menos que Margarita Nelken, conocida sobradamente por su tarea como diputada (la única que fue elegida tres veces en las cortes republicanas) y ensayista pero muy poco como traductora. Y de eso, como ya me conocen, también querré que hablemos, de cómo las mujeres de los años treinta se esforzaron en ser vehículo de su propia cultura.

En resumen, llegan los contracoños a ConTexto. Que ya era hora, me dirán. Pues sí, ya era hora. Pero en mi defensa usaré las palabras de Núria Molines “pero, cuidado, que nuestros hombres son muy dignos”. Y si Capy ha llegado a nuestras vidas es gracias a Romain Rolland quien, por cierto, prologó Une voix de femme dans la melée.

Bien, ¿no?

Romain Rolland, las contiendas y más

Romain Rolland sigue siendo un desconocido en nuestro país. Es una injusticia mayúscula porque fue uno de los grandes, grandísimos pensadores libres del siglo pasado. No sólo fue un pensador libre sino que fue un pensador libre comprometido.

Rolland era una persona que no debía descansar nunca, su obra, su trabajo durante la primera guerra mundial, sus relaciones epistolares (fue refugio intelectual, auxilio y ánimo para decenas de personas: desde Miguel de Unamuno a Stefan Zweig). Todo parece apuntar a que debía dormir poco. Supongo que debe ser difícil dormir cuando sabes que la gente se está matando por los intereses de otros mientras muchos de tus colegas han sucumbido a la llamada de la bandera. Rolland, además, era un cerebro inquieto. Creyó como pocos en que Europa no era el epicentro de las ideas y que mirar a Asia era una gran idea, miraba incesante a ese continente y sus filósofos como el niño que se sabe delante de alguien de quien tiene mucho que aprender.

De sus relaciones epistolares quizá haya que destacar la ya mencionada que le unió a Stefan Zweig. Entre ellos existen casi mil cartas que van desde poco antes del inicio de la Primera Guerra Mundial, pasan por el periodo entre las dos guerras y acaban con la entrada de los nazis en Francia ¿Por qué? Porque con la ocupación Romain Rolland se dio un poco por vencido. Ya había soportado una vez todo ese tormento. Lo había intentado una vez y veía como el mundo volvía a caer en el mismo desastre con excusas propagandísticamente más elaboradas pero la misma oquedad de ser. Su amigo, Zweig, también algo trastornado, volvió a buscar alivio en su amigo para soportar esos malos vientos pero su amigo se había bajado ya del mundo. Romain Rolland se encontraba en el sur de Francia, completamente aislado de todo y todos, finalizando las biografías en que estaba enfrascado. Fue su mujer quien advirtió al austriaco de que su amigo ya no estaba, aun existiendo y escribiendo. Zweig se suicidó en 1942. Yo estoy segura de que Rolland podría haberle vendado la herida sangrante pero ya no estaba, aun existiendo y escribiendo. Murió en 1944.

Estas son algunas de las cosas que encuentro cuando edito libros. Cosas que aprendo y que quiero compartir. Cosas que creo que son importantes porque al final no hacen otra cosa que reafirmar la necesidad de los libros por los que decido jugármelo todo.

El otro día vi la televisión. Escuché hablar de guerra (por Gibraltar, y eso que no estamos en agosto, que es cuando toca hablar de Gibraltar porque no hay otro tema del que hablar), escuché hablar de un atentado en San Petesburgo (y recordé la película Sarajevo, que de vez en cuando me gusta ver para recordar algunas cosas que nos han explicado y nos hemos creído porque así nos las han explicado). Yo deseé que muriera en ese instante un delfín para que esas personas que saben de todo hicieran gala de todos sus conocimientos sobre la muerte súbita de los delfines pero no sucedió, por suerte para todos los delfines del mundo (Recuerden, y ya lo cantaba Krahe, “habrá que desmenuzar la última noticia (…) habrá que documentarse sobre los delfines”). ¡Cuánto ruido!

Pues no, soy discípula de Nico Rost, y me niego. Por eso quiero compartir con vosotros la Introducción y Primer artículo de “Más allá de la contienda” y “Los precursores”. Y, recuerden, recuerden SIEMPRE, “en un momento como este, el silencio mismo es un acto en sí”.