¿Qué habría hecho Nico Rost? ¿Y Ernst Toller? ¿Romand Rolland? ¿Marcelle Capy?

No voy a analizar en detalle ni en general absolutamente nada, NADA, de lo que ha pasado en Cataluña y su relación con el gobierno central (que no Madrid, que es una ciudad con ciudadanos) los últimos 300 años, los últimos 40 años, los últimos diez años, los últimos cuatro años, los últimos dos años, el último mes ni antes de ayer. Es tarde para todo eso. Además ya es un relato y todos tendrán sus versiones, matices, culpables, traidores y sombras y no he venido aquí a señalar a nadie porque exactamente por lo mismo podrían señalarme a mí.

Lo que sí me he preguntado desde hace mucho tiempo, probablemente desde que viví el desalojo de Plaça Catalunya en 2011 es ¿qué habrían hecho entonces? En aquel momento ContraEscritura no existía así que era una pregunta que simplemente me hacía virando la cabeza hacia La Rambla o lo que fue el Hotel Colón para vislumbrar al PSUC y al POUM largándose a tiros de lado a lado de la calle, unos con la cabeza en la URSS y otros en el Ebro.

En aquellas largas, larguísimas horas. En esas horas en que de repente aparecía gente repartiendo agua y manzanas yo viví algo que jamás creí que haría. Viví la revolución de unas horas, lo que alcanzan a durar la mayoría, en que un grupo diversísimo de ciudadanos decían “no”. Aquel día eran los nuestros los que nos pegaron de hostias. Los Mossos con sus siempre impecables uniformes azules. Cada vez que les veo me pregunto si es fácil o no limpiar la sangre de una porra.

2011 quizá no sirviera para nada. Tampoco he venido aquí a analizar eso. Ya han corrido ríos de tinta e insultos virtuales por doquier para esclarecer si aquello fue algo durante unos segundos o fue lo que nos quisimos contar. Hoy, a esta hora, da igual.

Ahora es cuando me voy a Alsasua y un día de fiesta unos Guardias Civiles fuera de servicio se lían a bofetadas con unos chavales. Cárcel, cárcel para los chavales, toneladas de cárcel. A pesar de que en el resto del Estado sucesos similares se hayan saldado con poco más que un apretón de manos. Pero ¡AJÁ! Ibiza no es Alsasua, Berriozar ni Rentería, esos son sitios donde ha habido muchas sombras y donde miles, cientos de miles de ciudadanos han soportado durante años un nivel de injusticia insoportable. Pero ¡AJÁ! ahí había una guerra, o lo parecía, había dos bandos (sólo dos bandos, claaaaro) y el resto de los ciudadanos del país parecíamos tener claro los que hacían el bien y los que hacían el mal. Efectivamente, este es un jardín en que tampoco voy a entrar porque al final nadie tendría razón aunque yo siempre he pensado que podríamos llegar a un acuerdo de mínimos. Acuerdo, por cierto, que el gobierno estatal lleva años eludiendo de la manera más irresponsable. Es un caso único en el mundo. Una banda terrorista se rinde y el gobierno les dice que así no ¡AJÁ!

El caso es que un día, hace dos días concretamente, la Guardia Civil se plantó en medio de Barcelona. Pudieron hacerlo frente a Conselleries, en Canaletas o en el antiguo Hotel Colón, el resultado hubiera sido el mismo. La Guardia Civil en Barcelona es una aberración. Lo es en el imaginario colectivo de la ciudad. En Cataluña hay Guardia Civil, claro, pero nadie la ve ni la quiere ver. Cataluña y País Vasco son las dos únicas comunidades autónomas en que la Guardia Civil no tiene, por ejemplo, las competencias de regulación de tráfico en carreteras ni interurbano. Sus uniformes verdes crispan, sus tricornios crispan, su escudo crispa. La Guardia Civil, queramos aceptarlo o no, es un cuerpo de seguridad militar que hace como mínimo cuarenta años que debiera haberse abolido. Porque la Guardia Civil se concibió como una especie de SS o, si prefieren no ir siempre a los mismos referentes, como una especie de guardia pretoriana y hasta donde sabemos, las democracias sanas no necesitan de guardaespaldas.

La Constitución, en su artículo 104, fija a la Guardia Civil «la misión primordial de proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades de los españoles y garantizar la seguridad ciudadana, bajo la dependencia del Gobierno de la Nación». ¡AJÁ! entonces, anteayer la Guardia Civil, o, mejor dicho “los chicos  del Gobierno de la Nación” se plantaron en medio de Barcelona para dejar claro que Cataluña no es una Nación (otro de esos puntos primeros del conflicto en su etapa temprana. ¡Qué feo eso de cargarte un Estatut cuando ya lo han votado sus ciudadanos, Rajoy! Esa patinada se preveía histórica y, por lo menos aquí, lo sabíamos. Si en ese momento no hubieras tenido tanto miedo a que Aguirre te quitara del sillón, igual te lo podrías haber ahorrado). Vinieron para decirnos que aunque no éramos una Nación formábamos parte de otra un poco así como “por sus cojones” y que por tanto debían venir a defender nuestros derechos, libertades y seguridad. Los y las de todos, eh: los que se sienten catalanistas, internacionalistas, xarnegos, los que no quieren elegir, los de derechas, los que nos han robado envueltos en la senyera (que no, de verdad, que los catalanes idiotas del todo no somos y sabemos que nos han robado los nuestros igual que nos han pegado los nuestros), pobres, inmigrantes, todos, éramos españoles “por sus cojones”. La gente, claro, hizo lo único que sabemos hacer en Barcelona que es tirarse a la calle y decir “no”. Lo vi cuando asesinaron a Ernest Lluch al lado de mi casa, cuando pedimos a Aznar que saliera de la foto, el 15 de marzo de 2004 desde las 9 de la mañana hasta muy entrada la tarde. Los estudiantes, por lo menos, éramos incapaces de irnos a casa sin llegar a comprender cómo nos dolía tanto. Lloré de nuevo cuando de noche, tras el desalojo de Plaça Catalunya, encendí la televisión y la gente de Madrid gritaba en Puerta del Sol “Barcelona no estás sola”. Aquel 2011 mi relación con Madrid cambiaría para siempre y lloré porque fue un día duro, durísimo. Fui sola y sola volví. Me ardían los hombros quemados por un día entero de sentada y callejeo. Entendí de manera absolutamente cristalina cuál era mi bando en la toma del Parlament. Un hombre de cierta edad pegó su rostro al casco de un Mosso y gritó: “No me queda nada, ni miedo”. Así me sentía yo mientras Mas bajaba del helicóptero para salvarse de sus ciudadanos. Si la pelea que se produjo días después entre Mossos y Bomberos se hubiera extendido yo sabía que hasta provocado por el accidente más tonto podía no volver a casa. No tenía nada, ni miedo. Esos días algunos pensamos que si prendían Gràcia, Sants y Poble Sec la ciudad se volvería un caos. No llegó a suceder. El pasado agosto mi llanto se hizo grito en pleno minuto de silencio en la Plaza del Ayuntamiento de Pamplona por el atentado de Barcelona. Katixa y Ana me sostuvieron. Debí joderles la toma a los de televisión con esos políticos tan bien cuadrados frente al edificio. Una señora me miraba de reojo y empezó a llorar porque yo lo hacía. Noté cómo le dolía mi dolor.

A Barcelona le quedan muy pocas calles con adoquines. Esto no es una casualidad como no son un capricho arquitectónico las fuentes de Trafalgar Square. A Barcelona siempre le sopla un aire ácrata por mucho burgués que nos robe o por mucha clase media-guay que crean haber creado las postolimpiadas. Salgan de las vías principales y encontrarán una ciudad que sigue clamando justicia social, aunque algunos hayan puesto el acelerador en otros puntos de sus programas electorales.

¿Y por qué escribo yo esta sarta de obviedades? Pues para permitirme una más. La primera es que el derecho a decidir y el derecho a la autoderminación no son lo mismo y que todos los españoles deberían estar a favor del derecho a decidir porque es un derecho, como lo fue el divorcio, el aborto, el voto universal, el femenino, que necesitamos más que nunca. Es un derecho que necesitamos para limitar la representatividad ineficiente en pro de mayores cuotas de democracia directa. Ay, mis políticos, les salió fatal eso de mandar a los hijos de los obreros a la universidad para contener cifras de desempleo y tener mano de obra barata porque aunque lo consiguieron quedamos algunos que sabemos perfectamente de dónde venimos y a dónde queremos llegar.

Mi postura en estos años fue la de miles: queremos referéndum y que salga lo que tenga que salir porque muchos sabíamos o creíamos saber que ganaría el “no”. Porque éramos miles llorando por Madrid y Ernest Lluch. Porque a mí lo que me duele es la injusticia, sufra quien la sufra y lo que intento evitar es el fascismo, germine donde germine.

Y llegados a este punto creo que ya sé la respuesta a mi pregunta inicial. Gritar, luchar, seguir, permanecer. Aunque no esté del todo de acuerdo en cómo se está haciendo, aunque no quiera separarme de nada o sí o lo que sea. Tenemos la opción, como tantos hombres y mujeres de la Historia, de seguir con nuestras vidas o empezar a cambiarlo todo. Tenemos la opción de acabar formando parte de la Historia, fallida o no, del intento de cambio o permanecer impávidos cuando no soltando la burrada de turno en la red social que más nos satisfaga el ego.

Creo que Nico Rost diría “me niego” y jamás usaría la cultura y la lengua como arma política, Ernst Toller rompería las suelas de sus zapatos y sus cuerdas vocales para evitar la tempestad: en Baviera, en España y en el mundo, Romain Rolland fundiría la medalla de su Nobel para llamar a la huelga general indefinida y crear un comité de ayuda entre obreros para que recordaran quiénes son los verdaderos bandos del conflicto, Marcelle Capy haría comprender a las mujeres que la mayor parte de las revoluciones que finalmente triunfaron las iniciaron precisamente ellas bien porque sus hijos pasaban hambre bien porque se enviaba a sus hombres a una muerte absurda.

No confío en la gente con corbata ni en la que viste camisetas con proclamas. No confío porque no me gustan ni los disfraces ni los uniformes. Confío en que alguien entienda qué es lo verdaderamente importante de todo esto: la oportunidad.

Portada de “Hombres varios”

Hoy es un día especial. Muy especial. Desde 2015 no me había llegado ningún proyecto interesante para Papiroverba, esa en que los autores están vivos. De repente, un día, se cruzó en mi camino el traductor José Aníbal Campos y vino a hablarme de Ror Wolf y unos hombres, varios hombres ¿varios? bueno, hombres. Además de poder regresar a los autores vivos, con los que se puede hablar y esas cosas de agradecer en el mundo de la edición, resultó que era la primera traducción de Papiroverba y, para colmo, era algo que tenía pendiente ¡RELATOS!

Hoy es un día especial por todo eso y porque la portada es del propio traductor. Mi querido José Aníbal Campos tuvo la gentileza de mostrarme sus cuadernos de trabajo, esos en los que durante años había ido traduciendo a pedacitos este libro que tan especial es para él. Ante ellos, yo vi la portada porque vi la traducción total y un homenaje a ella. El trabajo de traducción es difícil y no atraviesa por buenos momentos. Es evidente que se ha avanzado mucho pero hay que cuidar a todos los que trabajan el libro: autores, traductores, correctores, editores, libreros, impresores, lectores, todos formamos parte de un ecosistema frágil en que de nada sirven los méritos, las firmas o los reclamos si al final las facturas se quedan sin pagar.

Quizá ese es un extenso asunto del que hablaremos un día con mucha calma, quizá sean ellos, los y las traductoras, las que deban entrar en este blog un día y explicar lo que sucede, lo que hacen, lo que es y significa su trabajo.

Hasta ese día, congratulemonos con la nueva portada de la primera traducción íntegra de “Hombres varios” de Ror Wolf que José Aníbal Campos ha venido a ofrecernos.

Empezamos a maquetar ¿hay ganas?

El 17 de junio de 2017 Lorca escribió un poema

La primera vez que estuve en Nakama inspeccioné la librería y me enamoré de una lámpara libro faro. Ahí estaba, mi playa en Madrid. Sin embargo, no dije nada. Hice una foto o dos y me fui.

Cuando Rafa y Miren vieron esa foto en el Instagram de ContraEscritura me enviaron un privado del tipo “¿¡Cómo puedes haber venido y no habernos dicho quién eras!?” Fue una mezcla de vergüenza y prisa pero volvería porque entonces yo iba cada poco a Madrid.

La segunda vez que estuve en Nakama pasé más de una hora hablando con sus libreros. Recuerdo que llegó el comercial encorbatado de una distribuidora y Rafa le indicó que no podía atenderle, que estaba hablando conmigo. En aquel momento supe que estaba en uno de esos lugares en que las personas y los abrazos son más importantes que todo lo demás. Aun así, yo me senté en el sillón amarillo y dejé que aquel tipo hiciera su trabajo porque yo no tenía prisa. Creo que desde que empecé a hacer libros casi nunca tengo prisa. No nos hicimos ninguna foto. En el AVE de regreso tuiteé: “Ojalá siempre te lo pases tan bien como para olvidar hacer fotos”.
Desde entonces, he pasado muchas veces por Nakama. Allí se enfrentaron Rafa y Salva en un cara a propósito del primer aniversario de Ensayos del dolor propio y entre ellos nació algo que creo que jamás se desvanecerá. Luego hemos llevado a Nico Rost, a Toller, o lo que es lo mismo, a Núria Molines y a Ronald Brouwer. Siempre han estado los contrasocios madrileños allí: Jose, Alberto, Lidia, Vicente,… y personas que nos conocían o conocían a Rafa y a Miren, esas personas que siempre me hacen hueco en la agenda aunque el tiempo con el que avise sea ínfimo. Hemos cenado, hablado, confesado,… he estado en su casa. Venden los libros que hago pero aunque no lo hiciera, sé que seguirían en mi vida.

Un día, no sé muy bien el porqué, decidí que estos dos últimos años había conseguido cosas increíbles. Hacer libros. Hacer libros sin dinero. Hacer libros sin dinero y sin tener que pedirle un crédito a un banco. Junto a Núria, arañar las paredes de la Historia para arrancarle hasta la última astilla al olvido. Gracias, Núria.

Dos años igual no son mucho tiempo. Aunque si ContraEscritura fuera una persona habría tenido tiempo para nacer, respirar, gatear, le habrían empezado a salir los dientes, a tropezar y a caminar. O eso creo porque no sé nada de niños.

En cualquier caso, necesitaba agradecer y agradecerme el esfuerzo de dos años de éxitos, fracasos, encontronazos, rupturas, decisiones, saltos al vacío y economía de la imaginación. Dos años igual sí son mucho tiempo.

Un día llamé a Nakama para preguntar si el día 17 estaba libre en el calendario para una fiesta. Nada de presentar, nada de vender, sólo festejar. La respuesta fue, cito, “sí a todo”. Mi playa en Madrid.
Desde marzo preparé el photocall mientras se calentaba mi comida, cada día un poco. Si tenía que ir a comprar grapas, aprovechaba y me hacía con vasos, platos y algún globo. Así hasta el 17 de junio. Aquel día desembarqué en Nakama por la mañana tras un viaje infernal en coche desde Valencia, una presentación el día anterior y una reunión de trabajo a las 10 a la que llegué tarde porque la calle Hortaleza siempre es una trampa para coches. Desembarqué cargada de cosas que hasta ese momento sólo eran bolsas y cajas que abarrotaban mi cueva de trabajo pero que en mi cabeza tenían sentido. Abrazar a Rafa y a Miren ya era oler a fiesta.

Quedamos a las seis para prepararlo todo. Al llegar estaban allí Katixa, que había cerrado su librería Deborah Libros en Pamplona por mí y que encima me había regalado la camiseta más molona del planeta, Núria, Dani, Maje y Raúl. Intenté explicar cómo imaginaba todas esas cosas que había estado preparando en ese espacio pero al final ellos lo hicieron mejor. Rafa corría de un lado para otro con botellas y nos nombró encargados de que siempre hubiera bebida fresca e ir rulándola entre los invitados. Reconozco que es algo que no hice en toda la fiesta. Mis disculpas.

A las siete y pico me fui a una peluquería cercana porque sigo sin saber peinarme y quería evitarme el calor en la nuca. Cuando regresé, había mucha más gente en la librería. Y cada vez más. Y más. El calor anunciaba que iba a ser insoportable que tanta gente estuviera dentro de la librería así que invadimos parte de la calle Pelayo.
No bebí ni una gota de alcohol pero soy incapaz de recordar muchas de las cosas que me pasaron, por no hablar de las que evidentemente no viví porque las estaban viviendo otros a escasos metros de mí.

Pude ver a Javi, que estaba enfermo y vino, a libreros-soldado de Pynchon&Co, Katakrak, La Vorágine, Libros de Arena. Pude ver a Ana que salió volando para llegar, a Bea que literalmente llegó volando, a una tribu de traductoras que quisiera abrazar, a autores, traductores y mi calígrafo particular que no estaban allí por obligación de cena de empresa sino porque querían. Incluso Vicente con María y el pequeñísimo Pau que ya tiene su chapa “me niego”.

Pude ver a mi familia al completo: mama, papa, Mireia y Xavi, ¡GRACIAS! Han sido (dejando ContraEscritura a un lado) dos años difíciles para todos y vinisteis. Sois mucho más que todos los buenos consejos que me ofrecéis.Y ahí estuvo papá-becario para recibir el reconocimiento que merecía.

Olvido gente, olvido conversaciones, olvido momentos pero me inunda la esencia. Recuerdo que un montón de personas: socios, libreras, lectores, desconocidos que ya no tanto, mi chica rapada y tantos y tantos estaban ahí, venidos de cerca y de lejos, disfrutando de la existencia. Hablaban unos con otros como si se conocieran de siempre o no, a saber de qué hablaban. Vi abrazos. Un grandísimo puñado de personas que apenas recordaron que en sus bolsillos tenían móviles con los que hacer fotos. Los olvidaron. Por eso casi no hay fotos de esa fiesta ¡qué raros somos!

La mayor parte de ellas son del momento en que Bea habló (o, mejor dicho, leyó para evitarse el llanto de emoción que yo sé que le recorría la garganta).Yo no lo logré.

Otras tantas, por supuesto, son de Miren y yo desinflando nuestros pies en agua helada. Estoy segura de que Lorca estaba escribiendo un poema en aquel preciso instante. Un poema de noche que tarda en llegar y estrellas solitarias que se dan luz unas a otras, de risas en los adoquines.

Me disculpé ante los nakameros por las pérdidas económicas que debió causarles una tarde de sábado con la librería invadida. No me las aceptaron y entiendo por qué. Porque no somos esa clase de gente, somos distintos, imanes de resistencia ¡Y MENOS MAL!

 

Lo repetiré una vez más. ContraEscritura no se explica, se vive. Hasta el próximo verso.

Cuenta atrás: FIESTA segundo año de resistencia editorial

Es evidente que yo tengo muchas cosas que hacer antes del día 17. Concretamente, tres presentaciones (Valladolid, Urueña y Madrid), firmar un contrato (de esto no os cuento nada que luego todo se sabe), recibir una copia de un contrato ya firmado, dos reuniones de trabajo,… PERO es un hecho, el calendario lo dice: quedan 9 días para la FIESTA del segundo año de resistencia editorial.

Os digo desde ya que me alegra muchísimo saber que vendrá Bea desde Bruselas, Ana desde Iruña, Maje desde Marbella, que también vendrán Javi, Claudia, Lenis, Sara y todos los seres que fueron ContraEscritura cuando ContraEscritura era poesía y palabras de medianoche y no tienen boda ese día. También viene Salva desde Nueva York y Macky no sé muy bien desde dónde porque está de tour con su nuevo poemario, Sótano. Son los autores vivos que acudirán (aviso por si tienen ejemplares pendientes de dedicatoria o firma). A los muertos no se les espera pero estarán. Vendrán Núria y Dani que me dejan dormir en su sofá con bastante asiduidad. Vendrá Sergio que fue la primera persona que me dejó editarle algo. Vendrán Edu de Katakrak, Katixa de Deborah Libros, representantes de La Vorágine de Santander, de Pynchon&Co de Alicante, José Ángel de Libros de Arena, desde Vallecas vendrá La Muga,… Vendrán muchas personas que para mí son importantes. Aitor, que caligrafía las portadas de ConTexto y soporta mi perfeccionismo radical, traductoras, ilustradoras, vendrán muchos socios y socias (Alberto, Jose, Isabel, Raúl, Vicente,…), también algunas personas a las que sólo he abrazado el avatar y quiero saber cómo huelen… Vendrán mi madre, mi padre, mi hermana y mi cuñado, que son quienes más me ven llorar y reír y correr de un lado para otro.

Pero -para evitar que empiece a llorar- vayamos a lo importante:

No importa si conoces a mucha gente, a poca o a nadie ¡VEN! Si has acabado en ContraEscritura es porque, por lo menos, estás tan loco como el resto de personas que estarán en Nakama en esos momentos. Podéis debatir sobre si algún día aprenderé a mezclar otros colores que no sean rojo, blanco y negro, presentar un libro sin hablar de ninguna guerra o empezar por preguntaros ¿cómo llegaste tú a esto? ¿sabes si tiene cura?

Habrá dos modelos de tazas (20 “De donde yo vengo el raro eres tú” y 20 “Me niego”). Se pueden adquirir ambas PERO por estricto orden de llegada. Son 10€ cada una, el pago debe hacerse en efectivo Y ES NECESARIO QUE SE VENDAN TODAS ¿por qué? pues porque las tazas, además de para saciar vuestras peticiones sobre la necesidad vital respecto a tener contratazas, sirven para pagar el catering y la bebida. Sí, ya sabéis que lo mío es la economía imaginativa.

Este año ha sido duro, durísimo por muchas causas. Han fallado algunos cálculos y, por eso, con el consentimiento tanto de Nacho como de Laia, vamos a subastar el original de la portada de “Una silla para la soledad”. Se tratará de una subasta ciega. Colocaré un bote en el mostrador de Nakama junto a un blog y un bolígafo (el bolígrafo no se puede robar ¡QUE NO SOMOS UN BANCO!). El que lo desee, puede anotar su nombre y puja, doblarlo y meterlo en el bote. A las 21:00 yo me encerraré a repintarme los labios de rojo, veré los resultados y se hará entrega de la ilustración. He decidido no enmarcarla porque no sé si vuestras casas con blancas, abedul, nogal o negro-marrón. ¿Para qué necesito ese dinero? Fácil, para pagar la siguiente portada que va a realizar Laia. (El dinero de la puja también hay que llevarlo en efectivo por evitarnos transacciones bancarias luego con los nakameros que suficiente tienen con aguantarme mis tonterías).

Creo que no hace falta decirlo pero como Voltaire dijo que el sentido común es el menos común de los sentidos, lo digo: habrá comida y bebida así que mucho, muchísimo cuidado con los libros y la librería en general. Miren y Rafa tienen su vida volcada en ese espacio y nos lo ceden por amor, respondamos con el respeto que corresponde. Y si alguien pregunta, estamos debatiendo sobre si la amapola es la mejor flor del universo (aunque sea obvio que lo es).

Pasaron unos hombres… ¿quién fue Marcelle Capy?

Marcelle Capy (Cherbourg, 1891-Pradines, 1962).  Periodista, escritora, militante sindicalista, pacifista y feminista libertaria. Fue directora de la Liga de los Derechos Humanos.

En sus libros, conferencias y artículos es compatible una triple lucha: por la paz mediante la denuncia del horror y el absurdo de la guerra; feminista en su especial hincapié en el papel fundamental de las mujeres en la sociedad moderna y por fin, libertaria rebelándose ante el papel adoptado por los socialistas en la Primera Guerra Mundial, especialmente en lo moral y lo filosófico defendiendo el deber de la solidaridad.

Escribió para La voz de las mujeres y La batalla sindicalista del que dimitió en agosto de 1915 debido a la línea nacionalista adoptada por el diario.

En 1916, publicó su primer libro, prologado por Romain Rolland, Una voz de mujer en la contienda (SÍ, POR SUPUESTO, LO VAMOS A PUBLICAR). Es este un apasionado alegato contra la guerra. El libro fue censurado. Desde ese momento, la policía empezó a controlar su correspondencia.

Entre noviembre de 1917 y enero de 1918, trabajó anónimamente en una fábrica de armamento. Publicó su testimonio en La voz de las mujeres: “La periodista Marcelle Capy, que investigó sobre las condiciones de trabajo de la mujer en las fábricas de armamento, quedó impresionada sobre las condiciones de las mujeres en las fábricas de armamento, particularmente el de las inspectoras de obuses que, durante once horas al día, manipulan 2500 granadas de 7 kilos, es decir, 35 toneladas. Tras ejercer el trabajo, Marcelle Capy se retira.” “Al cabo de tres cuartos de hora, me confesé vencida. Vi a mi compañera totalmente endeble, totalmente joven, seguir con su tarea. Está en la fábrica desde hace un año. 900000 granadas han pasado entre sus dedos. Por tanto, ha levantado una carga de 7 millones de kilos. En cuanto al salario de las mujeres, la fórmula igual trabajo, igual salario se burla por todas partes. En una fábrica de obuses, un chico de 15 años recibe entre 12 y 15 francos y una madre de familia de 5 a 6. Los patronos se atreven a justificar tales diferencias invocando que las mujeres han sido llamadas a ocupar el lugar de los movilizados.”

El 5 de enero de 1918, se contaba entre los fundadores del semanario antimilitarista La Vague pasando a formar parte del equipo directivo de la redacción.

En 1925 escribió L’amour roi. Su obra maestra llegaría poco después. Pasaron unos hombres… recibió el premio Séverine de la Asociación de Mujeres Periodistas.

Conoció a Barbusse, Romain Rolland, Joseph Caillaux, Anatole de Monzie y fue docente en Europa, Estados Unidos y Canadá.

A principios de 1930, participó en la Liga Internacional de la Paz como responsable de propaganda, motivo por el que ofreció conferencias junto a Robert Jospin. En 1934 publicó Femmes seules. En 1936 pudo, por fin, (re)publicar Una voz de mujer en la contienda libre de censura.

A pesar de ser miembro de la junta de la Liga Internacional contra el antisemitismo en la década de 1930, escribió durante la ocupación en Germinal, periódico próximo al colaboracionismo en el que también participó Robert Jospin.

Después de la Segunda Guerra Mundial, escribió dos novelas: La vie tient à un fil y L’Égypte au coeur du monde, un reportaje realizado a partir de un viaje que emprendió junto a su hermana mayor, Jeanne Marques, periodista y conferenciante cercana a los círculos intelectuales y artísticos egipcios progresistas.

En 1951, Capy ayudó a fundar el Comité nacional de resistencia a la guerra y la opresión (CNRGO), hoy conocido como Unión Pacifista de Francia (UPF).

De estas y muchas más cosas hablaremos próximamente en:

Pamplona/Iruña · Martes 6 de junio a las 19:30 · Deborah Libros

Bilbao · Miércoles 7 de junio a las 19:00 · Louise Michel Liburuak

Valladolid · Viernes 9 de junio a las 19:00 · La Otra Librería Café

Urueña · Sábado 10 de junio a las 19:30 · Librería Primera Página

Madrid · Viernes 16 de junio a las 19:30 · Librería Mujeres & Compañía

Su primera reseña ha salido antes que el libro de imprenta (lo tendré en las manos mañana), gracias a la periodista Tamara Crespo.

Mañana empiezan los envíos de las preventas y el acoso a nuestras contralibrerías para que acudáis a ellas como si no existieran ferias del libro o dos grandes grupos editoriales forjados en el Monte del Destino para dominarlos a todos.

Romain Rolland, las contiendas y más

Romain Rolland sigue siendo un desconocido en nuestro país. Es una injusticia mayúscula porque fue uno de los grandes, grandísimos pensadores libres del siglo pasado. No sólo fue un pensador libre sino que fue un pensador libre comprometido.

Rolland era una persona que no debía descansar nunca, su obra, su trabajo durante la primera guerra mundial, sus relaciones epistolares (fue refugio intelectual, auxilio y ánimo para decenas de personas: desde Miguel de Unamuno a Stefan Zweig). Todo parece apuntar a que debía dormir poco. Supongo que debe ser difícil dormir cuando sabes que la gente se está matando por los intereses de otros mientras muchos de tus colegas han sucumbido a la llamada de la bandera. Rolland, además, era un cerebro inquieto. Creyó como pocos en que Europa no era el epicentro de las ideas y que mirar a Asia era una gran idea, miraba incesante a ese continente y sus filósofos como el niño que se sabe delante de alguien de quien tiene mucho que aprender.

De sus relaciones epistolares quizá haya que destacar la ya mencionada que le unió a Stefan Zweig. Entre ellos existen casi mil cartas que van desde poco antes del inicio de la Primera Guerra Mundial, pasan por el periodo entre las dos guerras y acaban con la entrada de los nazis en Francia ¿Por qué? Porque con la ocupación Romain Rolland se dio un poco por vencido. Ya había soportado una vez todo ese tormento. Lo había intentado una vez y veía como el mundo volvía a caer en el mismo desastre con excusas propagandísticamente más elaboradas pero la misma oquedad de ser. Su amigo, Zweig, también algo trastornado, volvió a buscar alivio en su amigo para soportar esos malos vientos pero su amigo se había bajado ya del mundo. Romain Rolland se encontraba en el sur de Francia, completamente aislado de todo y todos, finalizando las biografías en que estaba enfrascado. Fue su mujer quien advirtió al austriaco de que su amigo ya no estaba, aun existiendo y escribiendo. Zweig se suicidó en 1942. Yo estoy segura de que Rolland podría haberle vendado la herida sangrante pero ya no estaba, aun existiendo y escribiendo. Murió en 1944.

Estas son algunas de las cosas que encuentro cuando edito libros. Cosas que aprendo y que quiero compartir. Cosas que creo que son importantes porque al final no hacen otra cosa que reafirmar la necesidad de los libros por los que decido jugármelo todo.

El otro día vi la televisión. Escuché hablar de guerra (por Gibraltar, y eso que no estamos en agosto, que es cuando toca hablar de Gibraltar porque no hay otro tema del que hablar), escuché hablar de un atentado en San Petesburgo (y recordé la película Sarajevo, que de vez en cuando me gusta ver para recordar algunas cosas que nos han explicado y nos hemos creído porque así nos las han explicado). Yo deseé que muriera en ese instante un delfín para que esas personas que saben de todo hicieran gala de todos sus conocimientos sobre la muerte súbita de los delfines pero no sucedió, por suerte para todos los delfines del mundo (Recuerden, y ya lo cantaba Krahe, “habrá que desmenuzar la última noticia (…) habrá que documentarse sobre los delfines”). ¡Cuánto ruido!

Pues no, soy discípula de Nico Rost, y me niego. Por eso quiero compartir con vosotros la Introducción y Primer artículo de “Más allá de la contienda” y “Los precursores”. Y, recuerden, recuerden SIEMPRE, “en un momento como este, el silencio mismo es un acto en sí”.

Medalla de plata

Vaya por delante que no tengo nada personal en contra de Cervantes, Lope de Vega,… y toda la estirpe del Barroco literario español. PERO esta mañana he cogido de mi biblioteca el siguiente libro que compré en 2001 para llevar a cabo un trabajo sobre La condición social de la mujer en la Segunda República y el teatro de Lorca. Sí, tenía dieciséis años y ya veía que había un problema entre la velocidad legislativa y la velocidad social (esto siempre es peligroso tanto cuando la sociedad corre más que los legisladores como a la inversa). Poco tenían que ver las mujeres de Bodas de sangre, Yerma o La casa Bernarda Alba con Nelken o Campoamor. Nada, no tenían nada que ver. Y, sin embargo, coexistían en un país polvorín.

Bien, sucede que al coger el libro he encontrado dentro la faja (hoy no ocurriría, hace años que las tiro en cuanto llego a casa e incluso puedo no comprar un libro por su faja o por el mero hecho de llevarla). Imagino que en 2001 la guardé para usarla de marcapáginas. Hoy me he reencontrado con ella y me he enfadado un poco. Porque no tengo nada personal en contra de Cervantes, Lope de Vega, Baltasar Gracián y todo su Siglo de Oro PERO sí contra el hecho de que mujeres como Zambrano merezcan la medalla de plata. ¿Por qué? La primera razón es obvia pero la segunda lo es menos. Brillar en un siglo a caballo entre el XVI y el XVII tampoco suena complicado. La tasa de analfabetos en España (pese que no hay estudios concluyentes hasta 1900) rondaba por entonces el 80% y la transmisión de las obras era prácticamente oral, por tanto, distorsionada y muchas veces elitista. Ninguna imagina a una estambrera o desmontadora (por entonces oficio exclusivamente femenino) llegando a casa a la espera de que su marido o padre le recitara algún poemilla de Lope ¿o sí?

La Iglesia católica, que podía haber sido la agencia fundamental de alfabetización en los siglos XVI al XVIII, no tuvo competencia proselitista alguna –de ahí que no tuviera que esforzarse y recurrir a acciones alfabetizadoras que sí llevó a cabo allí donde no gozaba de un predominio excluyente– y, en cuanto a la función adoctrinadora, se apoyó más en la oralidad y el mundo de la imagen que en el de la escritura. Es más, al prohibirse la lectura de la Biblia en lengua vulgar desde el siglo XVI hasta finales del XVIII y mostrarse reticente, por razones morales, a la alfabetización femenina, constituyó, comparativamente, un freno a la alfabetización.

Pasan los años, los siglos, el Estado empieza a preocuparse de que la gente sepa leer y escribir y ¡BOOM! las mujeres empiezan a existir, a hablar, a escribir ¿seguro? No del todo. Porque escritoras, filósofas, y pensadoras como Emilia Pardo Bazán, Mary Shelley, Madame de Staël, Concepción Arenal o Malwida von Meysenburg debían pensar flojito y aguardar cada noche su poemilla de Lope de antes de dormir. Luego llegarían Maruja Mallo, María Zambrano, Rosa Chacel, Marcelle Capy… Y para ellas la medalla de plata. Porque escribir cuando la mitad de la población ya sabía hacerlo debe tener poco mérito, porque es mejor guardar el oro a una época que todos, queramos o no, recordaremos por las disputas entre dos poetas que hablaban sobre las longitudes de sus narices (si no de otros miembros), una época definida por el desengaño, el pesismismo, la preocupación por el paso del tiempo y la pérdida de confianza. El oro para unos hombres que no tenían quien les leyera y que se encontraban en la depresión de los cincuenta sin Ferrari que comprarse. La plata para mujeres que pensaron, construyeron, criticaron, crearon.

Es sólo una etiqueta, una categoría, una manera de tener el mundo y el pensamiento ordenado. Lo es, claro. PERO desde esta mañana, en mi cabeza, ya no porque he quemado la última faja estúpida y ultrajante de la historia de mi biblioteca.

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Una firma, un bombín, una portada

Sí, esto es un blog. Bueno, lo llamaré blog por llamarlo de alguna manera porque un blog requiere, sobre todo, tiempo y eso es justo de lo que más escasa voy. Es un espacio para comunicaciones más largas de lo que las redes sociales me permiten. Comunicar así en general porque quiero contar cosas sobre nuestros libros pero no solamente porque los procesos de edición a veces nos llevan a historias que muchas veces se quedan en nuestras libretas cuando lo bonito sería poder compartirlas con toda la humanidad.

Dicho esto, aquí hemos venido a hablar de nuestro libro. ¿De cuál? Del próximo. ¿El secreto? No, aún no. Lo del secreto lo compartiré cuando se hayan agotado las existencias porque de lo contrario el asunto pierde toda la gracia. Aquí o se ama a ciegas o no se ama. Vengo a hablar de Romain Rolland que es un tipo relativamente desconocido en nuestro país pero es nada más y nada menos que el premio Nobel de Literatura de 1915 (así como anécdota, el Nobel de Literatura no se otorgó en 1914, 1918, 1935 y de 1940 a 1943) y era amiguito de un montón de personas que pensaban y escribían bonito y punzante. De entre su extensísima obra, de la que espero podamos traducir otros títulos, decidí empezar por dos y convertirla en una: Más allá de la contienda y Los precursores. ¿Y eso por qué? Pues porque el propio Rolland concibió el segundo como continuación del primero y ya era hora de que alguien las juntara, como ya los franceses hicieron en su momento.

Tampoco voy a contar de qué va porque hay que comprarlo, claro PERO os puedo explicar cosas sobre él. La primera es que la traducción del texto ha corrido a cargo de Núria Molines que ha hecho un trabajo absolutamente excelente y eso se hace evidente incluso cuando sólo lees el libro en español. La segunda es que no nos hemos vuelto locas con las notas, para eso ya está Rolland que anotó y puntualizó muchas cosas. La tercera es que TENEMOS PORTADA y aquí me voy a detener unos segundos. La imagen es del fotógrafo/alquimista Alex Timmermans y se titula “Model’s day off” lo cual adquiere todo el sentido cuando uno se da cuenta de que de haber sido escuchado, Rolland podría haber ahorrado a Europa muchas muertes. ¡Y encima sale un bombín! que es una de las cosas más guays que existen en el universo. Por si esto fuera poco, Alex me ha dado permiso para voltearla lo cual le queda muy bien a la única camiseta rosa que tengo y dice “more talent, less ego”.

Portada ROMAIN enteraPortada ROMAIN entera

Las letras son de mi calígrafo favorito (sí, tengo un calígrafo favorito) y… están basadas en la firma del propio Romain Rolland.

Portada ROMAIN frontal

Dicho todo esto, espero que los motivos que me llevaron a decantarme por todas esas decisiones hayan sido las acertadas y sean dignas del grandísimo libro con el que un enormísimo escritor quiso salvarnos a todos. Y quizá aún pueda.

 

¡A criticar!

 

Marta