Ror Wolf cumple 85 años (también para los hispanolectores)

Como en todo periódico que se precie, las noticias que publicamos hoy corresponden a los hechos que sucedieron ayer. Y ayer sucedió que Ror Wolf cumplió 85 años. ¿Que quién diantres es Ror Wolf? Pues un señor que incluso su propia patria ha parecido olvidar durante mucho tiempo. En mi mundo apareció cuando José Aníbal Campos, traductor de lenguas y colores, me habló de publicar por primera vez de manera no fragmenta su obra Hombres varios. A José Aníbal Campos tengo que agradecer no sólo las palabras que siguen sino su entusiasmo, amabilidad, profesionalidad e integridad. Tanto es así que me ha permitido no sólo ver sus cuadernos de trabajo sino hacer de ellos bandera, un desnudo de la traducción total porque a veces las palabras no bastan.

Él sabrá contaros mejor que nadie quién es Ror Wolf cuando el libro esté listo y lo paseemos con la cabeza a la altura necesaria pero, de momento…

Un libro para (h)ojear

por José Aníbal Campos

Preguntado una vez Ror Wolf sobre el propósito de sus narraciones, respondió que intentaba concebir un «libro que el lector pudiera hojear y leer en el punto que se le antojara». Y en efecto, las historias recogidas en Hombres varios no responden a orden teleológico alguno, ni siquiera mantienen una linealidad interna. La historia iniciada puede interrumpirse por culpa de otra contingencia, por pudor o capricho del narrador o, simplemente, por la irrupción inesperada en el plano de otra figura que acapara el interés del que cuenta.
Ror Wolf rompe todos los pactos tradicionales entre narrador y lector, pero no para incomodar a este último con experimentos infructuosos y poco verosímiles, sino para devolvernos la esencia de ese estímulo a la inteligencia (a la noble, pero no cándida inteligencia) llamado literatura.
Porque, no nos engañemos: todos hemos visto miles de veces y en miles de circunstancias al vecino de nuestro edificio, a la señora taciturna que se sienta cada mañana en el parque de nuestra vecindad. Podemos estar mejor o peor dotados para imaginar las vidas de esas criaturas y contarlas con un mayor o menor grado de credibilidad. Pero lo que jamás deberíamos olvidar (y mucho menos en esta era de «post-verdades») es que nuestra historia no es más que un invento, que solo vemos la punta de un iceberg que cambia cada día de posición, que nuestra historia, por creíble que sea, es mentira. O al menos solo una parte ínfima de la verdad.
Es eso lo que nos devuelve Wolf con estas historias y estas figuras varias que tienen la irrealidad, pero a la vez la concreción, de un personaje chaplinesco. Quizá por eso en otra ocasión, a la pregunta de por qué nunca era concreto en sus historias, Ror Wolf respondió: «Solo hay elementos concretos en mis textos. Cuando no se da respuesta a preguntas que el lector le gustaría ver respondidas es porque ello implica un fragmento de la verdad, y porque la realidad no puede responderse simplemente con una historia. Existe la pregunta que queda abierta, sin responder, lo que se difumina».

 

De: Hombres varios (en preparación)

UN CUENTO-EJEMPLO

Un hombre al que en otras circunstancias no valdría la pena mencionar, salió una mañana –y lo menciono aquí sólo al margen– por una puerta. Todo lo que esperamos ahora es un disparo, un golpe, una caída. En realidad, no es pedir demasiado.

OTRO CUENTO-EJEMPLO

Cuando a finales de la semana pasada, un domingo apacible, poco después de las doce del mediodía un hombre me preguntó por qué desperdiciaba mi tiempo de manera tan irresponsable contando estas historias, le respondí que, a veces, en las tórridas y pegajosas noches del sur, sentí el deseo de… No pude terminar la frase, porque resulta que otro hombre me apartó del escritorio dándome un tirón violento, así que perdí el equilibrio, y también el hilo de esta historia.

 

Jun, 30, 2017

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