Yo le pinté el bigote a Stalin

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22,00  IVA incluido

“Mi hambre es más grande que mi vergüenza.
Que se rían si quieren.
No quiero morirme de hambre,
ya me reiré de ellos cuando salga de aquí.
Mi triunfo será haber sobrevivido a todo esto.”

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Descripción

Yo le pinté el bigote a Stalin es la primera publicación de la alemana Erika Riemann (Mühlhausen, 25 de diciembre de 1930) y esta es la primera vez que se traduce al castellano. Sus reediciones han sido constantes en Alemania al tratarse de uno de los pocos testimonios de la temprana opresión soviética en el país.

En este libro Riemann narra cómo a partir de usar un pintalabios para que un retrato de Stalin no parezca tan serio acaba con sus huesos en prisión. Ella tenía catorce años en su primer interrogatorio y aún no había finalizado el año 1945. La broma le costó ocho años en diversos presidios y campos de concentración.

Pero este relato es también la testarudez de una jovencísima Erika que no se deja amilanar ante la injusticia, que contribuye a los movimientos grupales femeninos en prisión para poner fin al maltrato,…

Este relato también es el tiempo de después, el de una vida marcada por la falta de libertad, por la inexperiencia de una mujer que no tuvo una juventud normal para cometer errores y aprender a enmendarlos.

Yo le pinté el bigote a Stalin es una de las escasísimas voces en primera persona de aquellos años oscuros de la Historia.

Traducción y notas de Núria Molines Galarza

Portada de Laia Montserrat Campos

ISBN: 978-84-944121-9-6

1 valoración en Yo le pinté el bigote a Stalin

  1. Fernando Gabriel

    Cruda y cruel historia que narra en primera persona uno de los tantos crímenes acaecidos durante el mandato de Stalin. Aunque Erika Riemann se esfuerza por utilizar un lenguaje, en mi opinión, con cierto desapego de lo sentimental, es imposible no estremecerse con el relato de esta persona, el cual le marcaría de por vida. Teniendo esto en cuenta, dice mucho de la fortaleza de la protagonista, que con esa marca de por vida pudo seguir en esta con dignidad, lo que nunca le podrían quitar ni con infinitas vejaciones.

    Como cualquier libro de “contexto”, eternamente necesario.

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