Portada de Clerambault

Hace muy poco empezamos a hablar públicamente de esta portada. Aquí la palabra clave es “públicamente” porque ya llevabámos meses Aitor y yo dándole vueltas a las letras, Laia en preaviso lista para disparar sus tintas y su traductora, Núria Molines, había mostrado sus ideas. Sucede que cuando uno lee un libro sin portada puede imaginarle muchas a lo largo del proceso de traducción, también ocurre en el proceso de la edición.

Esta portada representaba para mí un reto aún mayor: la línea. Estamos trabajando mucho en la figura de Romain Rolland porque hasta cuando suelta alguna frase que no nos gusta sabemos que no es gratuita, es el reflejo de una época de la que no siempre fue protagonista. El conjunto que supone Más allá de la contienda y Los precursores era algo muy particular, estaba claro que la portada debía reflejar al gran intelectual no sólo desoído sino olvidado. Pero llegamos ahora con las novelas.

Hablaremos, y mucho, de Clerambault. También de Colás Breugnon. Ambas novelas (y las que podamos ir publicando) requerían eso, una línea. Una línea en cuanto a las letras, una línea en cuanto a la paleta de colores, algo que las hiciera evidentes hijas de Romain Rolland.

Los artífices de la portada, plumilla y pinceles en mano, están muy contentos con su resultado. Nunca habían trabajado juntos y creo que les ha satisfecho la experiencia. La traductora nunca la imaginó así pero me consta que le gusta. A mí, sinceramente, me encantaría tenerla visible a todas horas si no fuera porque no tengo los contralibros a la vista. Es una norma que prefiero mantenerme.

Pero vayamos a lo importante… ¿gusta?

Ago, 20, 2018

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