El primer coño muerto

De las millones de maneras que había de titular esta noticia, esta, aunque pueda no parecerlo, es la mejor. El primer motivo de que sea la manera correcta es que la palabra “coño” sigue considerada por la RAE como ¡MALSONANTE! (Del lat. cunnus. 1. m. malson. Vulva -conjunto de las partes que rodean la abertura externa de la vagina- y vagina  – conducto muscular y membranoso de las hembras y de los mamíferos que se extiende desde la vulva hasta la matriz- del aparato fememino) en lo que se encierran varios temas a tratar. El primero es que, en definitiva, nadie sabe lo que es un coño salvo que se trata de un aparato que ni si quiera sabemos para qué se utiliza. El segundo es que UN coño es un sustantivo masculino pese a que se corresponde únicamente con el género femenino mientras que sus partes “vulva” y “vagina” son femeninos. Pero mi guerra contra los académicos al respecto siempre ha sido por su supuesta malsonancia. A mí, “coño” no me suena mal, la verdad. De hecho, me suena casi tan bien como oreja, tobillo o esternocleidomastoideo.

Conste que si habláramos de UNA polla nos pasaría algo similar pues es una palabra femenina de género masculino. En este caso, los realísimos TAMBIÉN dicen que es malsonante con la salvedad que el sustantivo está como segunda acepción y se limita a decir “pene” que, por supuesto, ya no es malsonante. Si uno clica sobre “pene” (cuidado con hacer esto que internet lo carga el diablo), le dicen que se trata de una palabra masculina definida como “órgano masculino del hombre y de algunos animales que sirve para miccionar y copular”. De la misoginia que reina en esa santa casa sabemos ya mucho pero, hombres, que sepan ustedes para qué sirve una polla y no un coño ya me parece mucho desconocer.

A estas alturas, es cuando alguien se pregunta ante su pantalla ¿pero esto no es una editorial? ¡¡CLARO!! Por lo menos, la mayor parte del tiempo. Pero entre rato y rato a una le surgen estas dudas y lo que vengo a contar hoy tiene mucho que ver con todo esto, aunque quizá sólo tenga lógica en mi cabeza, que también es posible.

El caso es que en la sección de proyectos falta por anunciar uno en el que llevo trabajando algunos meses. Se trata de recuperar para los hispanolectores la obra y la figura de Marcelle Capy. Contaremos muchas cosas sobre ella. Habrá tiempo y lugares, os lo aseguro. Si no lo había anunciado a bombo y platillo es porque faltaban algunos flecos en las negociaciones y hasta hoy (pese a que uno de los títulos ya está maquetado) no teníamos el contrato de cesión de los derechos de traducción. De momento, en el link de Wikipedia os podéis ir haciendo una idea de quién estamos hablando. Será, efectivamente, la primera mujer en llegar a la colección de ConTexto y, por tanto, nuestro primer coño muerto.

Los dos primeros títulos que nos interesan son: Des hommes passèrent (1930) y Une voix de femme dans la melée (1916 y 1936). Este segundo, lo traducirá Núria Molines e intentaremos que esté listo, bueno, cuando lo esté, ya sabéis cómo va esto. A mí me resulta muy gracioso porque otro título, “La guerra no tiene rostro de mujer” fue el primero de la Nobel de Literatura Svetlana Aleksiévich que tantas alegrías está trayendo a todos los editores que han podido cazar algo suyo al vuelo tras el “and the winner is…”, también porque es un libro que Svetlana publicó el año en que yo nací y porque lo primero que pensé al ver la semejanza es que me parecía más útil que las mujeres tuvieran voz antes que rostro. Claro que en 1916, cuando se publicó por primera vez (con un enormísimo trasquilón de la censura que le valió a Capy, por ejemplo, que a partir de su publicación el gobierno registrara su correspondencia), la voz era más útil que el rostro, por eso de que las televisiones aún no existían. Igual algún periodista, si es que aún está de moda entrevistar a una escritora que saltó a nuestra palestra en 2015 (que lo mismo ya no es novedad y eso), le puede preguntar al respecto. Y no sufráis, que no vamos a publicar el libro censurado. En 1936 pudo salir completo y haremos una edición que permita ver qué decidió el censor eliminar porque eso explica casi tanto como el propio libro.

Y sí, si hay un segundo es que existe un primero. En breve, tan breve como sea posible, publicaremos de nuevo “Pasaron unos hombres”. Digo de nuevo porque ya se publicó en Biblioteca Nueva allá por 1932. Se trata de una novela en la que Capy plasma los cambios que acontecen en una sociedad rural a partir de la marcha de los hombres a la Primera Guerra Mundial. Podríamos decir que es un poco Suite Francesa pero no sería del todo cierto porque Capy, la Capy, extiende una amalgama de formidables personajes femeninos que, cada uno en su medida, acabará por revolucionar el mundo. Saltarán por los aires tradiciones, Estado, religión y todo lo que se ponga por delante. ¿Y quién traduce esta maravilla? Pues nada más y nada menos que Margarita Nelken, conocida sobradamente por su tarea como diputada (la única que fue elegida tres veces en las cortes republicanas) y ensayista pero muy poco como traductora. Y de eso, como ya me conocen, también querré que hablemos, de cómo las mujeres de los años treinta se esforzaron en ser vehículo de su propia cultura.

En resumen, llegan los contracoños a ConTexto. Que ya era hora, me dirán. Pues sí, ya era hora. Pero en mi defensa usaré las palabras de Núria Molines “pero, cuidado, que nuestros hombres son muy dignos”. Y si Capy ha llegado a nuestras vidas es gracias a Romain Rolland quien, por cierto, prologó Une voix de femme dans la melée.

Bien, ¿no?

Abr, 12, 2017

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