8M: soy mujer, soy mujer del libro y estoy en huelga

Las próximas 24 horas estaré fuera de servicio. No consumiré, no cuidaré de nadie que no sea de mí misma, no trabajaré y tampoco estudiaré. De alguna manera, cada día, llevo a cabo esas cuatro funciones a mis espaldas. Ahora quedan exactamente 11 minutos para que mujeres de multitud de países salgan a las calles.

Tengo tantos motivos como mujer y como mujer del libro que os aburriría solemnemente. Por tanto, he decidido compartir con vosotras el primer texto del primer ejemplar de Mujeres Libres en que participaba Emma Goldman, una mujer que no fue muy dada a morderse la lengua.

Sí agradecería que muchos hombres se la muerdan durante todo el día de hoy. De verdad, limiténse a escuchar. Aunque sea por una maldita vez. Aunque hayan estudiado y leído mucho, sean veteranos o jóvenes, aliados o a medias o nos odien a todas, aunque crean que ustedes… Dejen sus prejuicios, sus supuestos conocimientos sobre lo que es o no es este 8M. De verdad, guarden silencio 24 horas y limiténse a escuchar.

 

Una carta de Emma Goldman

Me produce una gran alegría, camaradas españolas, vuestra decisión de contribuir a la emancipación de las mujeres de vuestro país. He de confesaros que cuando estuve en España -en 1929- me sorprendió dolorosamente el atraso de la mujer española en general: su sumisión a la Iglesia y, en la vida privada, al hombre, sea padre, marido, compañero, hermano o hijo; su acatamiento a la imposición de dos morales distintas, una para el hombre y otra para la mujer; su esclavitud, en fin, que las reduce a sirvientes y portadoras de toneladas de hijos. Estoy entusiasmada de saber que unas camaradas españolas siguen, por fin, el camino emprendido hace tiempo por las compañeras de otros países.
Con verdadero gusto colaboraré en MUJERES LIBRES. Mientras preparo algo más orgánico, y con el deseo de que alcance a vuestro primer número, os contaré unas breves impresiones de mi reciente excursión de propaganda por Inglaterra.

Nunca he sentido predilección por Kippling; no puedo sentirla dado el significado imperialista de su obra. Pero ha dicho algunas cosas conmovedoras. Una de ellas es aquella en que alude a la tarea de los marineros y a su alegría cuando el barco está ya limpio y el día ha terminado. Yo también me siento llena de alegría, porque mi tarea del momento se ha cumplido. El trabajo ha sido verdaderamente duro. A veces me parecía insoportable, superior a mis fuerzas. Pero ahora estoy muy contenta de no haber desfallecido y haber llegado al final de la etapa.

Las últimas semanas fueron alentadoras. Por ejemplo, en mi recorrido por el País de Gales, hablé en tres centros laboristas, y me sorprendió la manera de pensar social y revolucionaria de aquellos trabajadores, que fueron a escucharme y departieron conmigo. Cuando uno piensa que aquellos centros pertenecen a marxistas ortodoxos, no puede menos que apreciar el avance de tales organizaciones pues acudieron sólo con el deseo de oír a Emma Goldman y llegaron a interesarse por lo que oyeron. Para mí es muy satisfactorio ser la primera anarquista que ha penetrado en el “Sanctum sanctorum”, en el sagrado reciento, y, lo que es más importante, que me hayan pedido otras conferencias.

Mi experiencia más interesante fue el hallazgo de un comunista que era presidente de uno de los centros y a la vez el dueño del hotel donde me hospedaba. Le debía doler mucho soportar durante hora y cuarto mi dura crítica del comunismo bolchevique; pero supo desempeñar su doble función conmigo con tan amplia comprensión y tan magnífica tolerancia, que si hubiera muchos comunistas como él, sería posible, aun para mí, trabajar con ellos. Fue para mí una esperanza.

Como veis, no debemos darnos por vencidas por nada ni por nadie. Bien sé que el avance de los humanos es muy lento, pero consigue en algunos superar sus prejuicios. Comienzan a darse cuenta de que la distancia presta encanto a las cosas. La Luz deslumbradora de Rusia comienza a declinar, especialmente desde que el Litminov ha brindado por el rey de Inglaterra, y el camarada Stalin ha dicho al Gobierno francés que su deber es armarse contra su enemigo. Los comunistas inteligentes de fuera de Rusia empiezan a sentirse incómodos ante la política extranjera del dictador, y aún lo estarían más si se dieran cuenta de que en la propia Rusia se extiende de día en día, invadiéndolo y falsificándolo todo.
Antes de ir al País de Gales hablé en un círculo de “Amigos del Teatro”, y también allí me encontré con la increíble sorpresa de un auditorio de casi mil personas y de que se me solicitara una nueva conferencia.
A la que di de despedida en Londres asistió un público atento e inteligente. Es decir, que comienza a romperse el hielo y es preciso seguir.

He pensado volver para quedarme allí. Pero, quizá, es ingenuo hablar de domiciliarse en parte alguna, dada la situación actual del mundo. Los políticos de Europa serán aniquilados pues los dioses enloquecen a aquellos a quienes quieren perder, y los han enloquecido. Claro es que no me preocupa en absoluto la suerte de los políticos; pero lo terrible es que con ellos arrastrarán al mundo. Aunque parezca mentira, Francia e Inglaterra tiemblan de miedo ante Hitler y Mussolini. Y es que nada sobrecoge tanto como el éxito. Hace cuatro años Hitler era calificado como un charlatán. Hoy impone condiciones y todo el mundo se estremece cuando suena su nombre. Todo el mundo sabe que las últimas elecciones fueron hechas por unos métodos de los que hasta los “gangsters” americanos se avergonzarían; Pero todo el mundo se queda ciego, sordo, mudo y sobrecogido ante el falso poder de los dictadores.
En estas circunstancias repito que es ocioso hacer planes de vida y de actividad; pero resulta insoportable la vida sin hacer planes siempre, siempre, siempre…

Niza, abril 1936

Mar, 07, 2018

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